1. Historia y orígenes de la galleta.

Una «  Madeleine  » es una galleta en forma de concha tradicional de “Lorraine” (Francia)  y originaria de la ciudad de Commercy. Fue traída a España por peregrinos franceses en su camino a Santiago de Compostela, desde entonces podemos encontrarla en toda la geografía del país.

Se dice que en 1755, el duque Stanislas Leszczynski, rey de Polonia, recibía en su castillo de Commercy personalidades de la alta aristocracia francesa para una importante cena. Mientras la nobleza disfrutaba en el comedor, en la cocina el «  cheff » abandonaba los fogones tras una acalorada discusión con el mayordomo y sin haber empezado a preparar el postre.
Madeleine, una de las más jóvenes sirvientas del castillo, propuso versionar las galletas en forma de concha que le hacía su abuela, las preparó y los comensales de forma unánime las adoraron .
El agradecido rey decidió bautizar el improvisado postre bajo el nombre de la joven Madeleine Paulmier, y en adelante envió cajas de éstas galletas a su hija Marie, reina de Francia y esposa del rey Louis XV, quien las difundió en la corte, popularizando el nombre de la galleta y al mismo tiempo el de la ciudad de Commercy.

Tras la segunda guerra mundial, los viajeros que pasaban en tren por Commercy, corrían hacia las ventanas para ver a las vendedoras de “Madeleines” abriéndose paso entre la multitud de los andenes, cantando a los cuatro vientos las bondades de la mercancía que llevaban en sus grandes cestos de mimbre. Desde entonces la popularidad del postre no ha dejado de crecer y hasta hoy permanece en la memoria de los franceses como sinónimo de buena compañía, charla amena, sabor de hogar, y bebida caliente.

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2. La Madeleine de Marcel Proust

A principios del siglo XX El escritor francès Marcel Proust  implica la «  Madeleine  » en una escena (de interior)  famoso por su obra «    En busca del tiempo perdido  » (1913-1927).
De las siete novelas que forman «  En busca del tiempo perdido  », «  Por el camino de Swann  » (1913) es la que inicia la serie. En el fragmento seleccionado, uno de los más conocidos de la obra, el sabor de una Madeleine empapada en té despierta en el narrador el recuerdo de su infancia. El pastel, sumergido en una taza de té, de repente se convierte no sólo en un disparador de memoria, sino que lo hacen regresar  unos momentos a su infancia:

« me llevé a los labios una cucharada de té en la que había dejado reblandecer un trozo de magdalena … en el instante mismo que tragué el té y las  migajas de bollo llegaban a mi paladar, me estremecí, dándome cuenta de que pasaba  algo extraordinario. Me había invadido  un placer delicioso, aislado, sin saber por qué, que me volvía indiferente a vicisitudes de la vida, a sus desastres inofensivos, a su brevedad ilusoria, de la misma manera que opera el amor, llenándome de una esencia preciosa;  »
(Extracto del libro «  Por el camino de Swann  », Marcel Proust, 1913)

Desde ese momento, la «  Madeleine  »  de Proust se ha convertido en el símbolo proustiano del poder evocador de los sentidos.  Ahora la Madeleine de Proust es una leyenda por derecho propio.

3. Ritual de Proust.

1° Lleva a los labios una cucharada de té, café o chocolate caliente en la que había dejado reblandecer un trozo de Madeleine clásica o combinada
2° Cierra los ojos y disfruta el momento …